La libreta del 2004
Como diciembre ha irrumpido en mis días cual florecer de la primavera, mis pocas reservas de cordura -prometo que todavía me quedaba cierta templanza gracias a las siestas épicas del verano- se han desvanecido como vapor de agua.
Acabé el verano con las cosas claras como el mar de mi rincón favorito del Mediterráneo: me tomaría algunas cosas con más sentido del humor, no añadiría más deberías a la lista, haría paradas durante el día, saldría más a caminar en los espacios entre sesiones… Mucho me ha durado para estar casi en Navidad.
La cuestión es que, anoche, mientras hacía la cena tratando de no olvidar que tenía unos correos pendientes, se acerca mi hija, despacio, como si lo que traía entre las manos fuese importante y me pregunta: ¿me das esta libreta?
A ver, déjame ver si hay algo escrito.
La abro y descubro doce dedicatorias de queridos amigos, todas fechadas el 8 de abril de 2004. Una fiesta sorpresa de cumpleaños por mis 25.
Paso la última página y, casi escondida, una fotografía cae entre mis manos. La acerco a la luz y algo en la imagen, algo que no logro nombrar al principio, me obliga a apagar los fogones y sentarme.


