Presentar un libro
O la mejor receta para el pánico escénico
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El jueves pasado fue la primera presentación de Mi Madre es un Océano; también fue la primera vez que presenté una obra escrita, vaya.
Estoy acostumbrada a presentar talleres y retiros, pero libros… no tanto.
Fue en la Fundación Sa Llavor, pusimos la sala bonita, encendimos algunas velas, Luna proyectó las imágenes extraordinarias que ha creado mientras yo narraba el cuento y una amiga cocinó unos dulces con pasas riquísimos. Los niños, por gracia divina, estuvieron atentísimos y fue una preciosidad y un honor ver las reacciones de ellos y, especialmente, de sus madres. Esta obra es, sobre todo, para nosotras y nuestros hijos.
Confieso que los días previos estuve inquieta. No sabía si estaría nerviosa o no el día señalado, y esa incertidumbre me mantuvo en un estado alternante de agitación. Una mañana recordé algo que me dijo un amigo hace ya tiempo: la mejor receta para el pánico escénico es que no te importe la opinión de los demás.
Qué maravilla, qué libertad. Si sabes eso no necesitas ningún curso para hablar en público.
Llegó el día y lo cierto es que estaba emocionada pero no había rastro de parálisis escénica.
Y eso me hizo darme cuenta de algunas cosas que me están cuidando y quiero cuidar cada vez más:
Mi interés en ser una versión mejorada, perfeccionada o superior de mí misma ha dejado de estar en mis planes. Me basta con ser más o menos coherente, con encontrarme de verdad con otros, con ser buena discípula de la vida y atreverme a hacerles un hueco a esas semillas nuevas que se van colando en algún lugar de mí sin que me dé cuenta.


